¿Deberíamos temer a la inteligencia artificial? Un diálogo entre historia, ansiedad y oportunidad
En 1930, el economista John Maynard Keynes escribió un ensayo visionario titulado Posibilidades económicas para nuestros nietos. Allí introdujo el concepto de «desempleo tecnológico»: una forma de desempleo provocada por los rápidos avances en la eficiencia del trabajo, especialmente por las nuevas tecnologías. Keynes no veía este fenómeno como una catástrofe permanente, sino como un «mal pasajero», producto del desajuste entre el ritmo al que la tecnología sustituye tareas humanas y la capacidad de la sociedad para crear nuevos usos del trabajo.
Casi un siglo después, la profecía de Keynes sigue resonando, ahora en medio del auge de la inteligencia artificial. Aunque muchos avances han elevado la productividad y transformado industrias, también han surgido preocupaciones genuinas: ¿nos quitará la IA nuestros empleos?, ¿nos volveremos obsoletos?, ¿será posible encontrar un nuevo equilibrio entre humanos y máquinas?
Estas preguntas no son meramente filosóficas. Un estudio reciente publicado en el Journal of Digital Management en 2025, titulado Mitigating the effect of AI anxiety on employees’ creativity, muestra que estas inquietudes ya están impactando el entorno laboral de forma concreta. El estudio se enfoca en cómo la “ansiedad ante la IA” afecta la creatividad de los empleados y qué factores pueden mitigar este efecto.
Los autores definen la ansiedad por IA como el temor, consciente o inconsciente, de que el uso creciente de estas tecnologías pueda poner en riesgo el rol profesional de las personas. Esta ansiedad puede llevar a respuestas poco adaptativas: desmotivación, resistencia al cambio o incluso bloqueo creativo. Sin embargo, el estudio también revela una cara más esperanzadora. Basado en la teoría social cognitiva, el artículo muestra que el entorno organizacional tiene un papel clave. Por ejemplo, cuando los empleados cuentan con normas sociales de apoyo —espacios donde pueden expresar abiertamente sus preocupaciones y aprender junto a otros—, esta ansiedad puede transformarse en una fuente de motivación para desarrollar nuevas ideas y formas de trabajar.
Además, el liderazgo organizacional marca una gran diferencia. Un equipo directivo que brinda capacitación, reconoce los esfuerzos y comunica de forma transparente el rol de la IA dentro de la empresa, contribuye a reducir el miedo y fomenta un clima de innovación. De esta manera, la creatividad no sólo sobrevive al impacto de la IA: puede incluso fortalecerse gracias a ella.
Si bien es comprensible sentir incertidumbre ante cambios tan grandes, existen razones sólidas para ver la IA no como un enemigo del empleo, sino como un catalizador de evolución profesional.
Primero, la historia del trabajo nos enseña que muchas tecnologías inicialmente temidas —como la electricidad, la mecanización o los computadores— acabaron generando más empleos de los que destruyeron. La IA, si bien tiene el potencial de automatizar tareas repetitivas, también abre oportunidades en áreas que antes no existían: análisis de datos, diseño de algoritmos, supervisión ética, gestión de IA, entre muchas otras.
Segundo, la IA no reemplaza la creatividad humana, sino que la complementa. Herramientas de inteligencia artificial ya están ayudando a médicos, arquitectos y diseñadores, ampliando nuestras capacidades, pero necesita dirección, criterio y empatía humanas.
Tercero, existen medidas prácticas que personas y organizaciones pueden tomar para prepararse y prosperar. Capacitarse continuamente, mantenerse informado sobre los avances tecnológicos, participar activamente en la conversación sobre el uso ético de la IA, y construir comunidades de aprendizaje son pasos concretos que convierten el miedo en acción.
Volviendo a Keynes, su visión no era derrotista: creía que el problema económico se resolvería gracias a nuestra capacidad de adaptación. El verdadero desafío no es tecnológico, sino humano: cómo gestionamos nuestras emociones, cómo lideramos el cambio y cómo cultivamos un entorno que favorezca el aprendizaje continuo.
La inteligencia artificial representa un cambio profundo, sí, pero no tiene por qué ser una amenaza existencial. Como toda herramienta poderosa, su impacto dependerá de cómo decidamos utilizarla. Si elegimos el camino del miedo, perderemos la oportunidad de crecer con ella. Pero si elegimos la curiosidad, la colaboración y la preparación, esta tecnología no nos va sustituir, sino que nos impulsará hacia un futuro más creativo, humano y lleno de posibilidades.

