Conocimiento operativo
Una empresa puede saber muchas cosas y, sin embargo, ser incapaz de utilizarlas cuando realmente las necesita. El conocimiento puede encontrarse repartido entre bases de datos, correos electrónicos, manuales, conversaciones, sistemas especializados y, sobre todo, en la experiencia de las personas. El problema no es necesariamente la ausencia de información, sino la distancia que existe entre saber que algo ocurrió y poder utilizar ese conocimiento para intervenir sobre lo que está ocurriendo ahora. El siguiente paso de la transformación organizacional consiste precisamente en cerrar esa distancia: convertir el conocimiento en conocimiento operativo.
La diferencia parece sutil, pero es profunda. Un documento que explica cómo actuar ante una determinada situación contiene conocimiento. Un sistema que puede identificar que esa situación está ocurriendo, recuperar las reglas correspondientes, relacionarlas con los antecedentes y proponer o ejecutar la acción adecuada está utilizando conocimiento de manera operativa. En el primer caso, la organización conserva información. En el segundo, puede actuar a partir de ella.
Saber no significa poder actuar
Esta distinción ayuda a comprender uno de los problemas más persistentes de las organizaciones: la separación entre los sistemas que registran lo que ocurre y los sistemas que toman decisiones sobre lo que debe hacerse. Un ERP puede saber que una orden existe. Un CRM puede saber que un cliente tiene determinado historial. Un sistema financiero puede registrar pagos y adeudos. Una plataforma de producción puede conocer el estado de una operación. Pero saber algo no significa necesariamente comprender sus implicaciones.
Imaginemos que un cliente importante comienza a retrasar sus pagos. Esa información puede encontrarse perfectamente registrada. Sin embargo, la situación adquiere otro significado cuando se descubre que el cliente también ha reducido sus pedidos, ha abierto varias incidencias de servicio y está próximo a renovar un contrato relevante. Cada sistema posee una parte de la historia. Lo verdaderamente útil aparece cuando esas piezas pueden relacionarse y convertirse en una interpretación que permita actuar.
El problema del conocimiento fragmentado
Ahí comienza el tránsito del conocimiento fragmentado al conocimiento operativo. La transformación requiere cambiar la unidad básica con la que pensamos la información empresarial. Una base de datos suele organizar información alrededor de registros: un cliente, una factura, una orden, una transacción. Pero la operación real de una empresa ocurre a través de relaciones. Un cliente está vinculado con contratos, productos, personas, interacciones, pagos, incidencias y decisiones. Un empleado participa en procesos, tiene determinadas responsabilidades y toma decisiones que afectan otros procesos. Un activo pertenece a una operación y su comportamiento puede tener consecuencias financieras o comerciales.
Cuando esas relaciones pueden representarse y consultarse, el conocimiento deja de ser una colección de elementos aislados y comienza a convertirse en contexto operativo. Esto resulta especialmente importante para los agentes inteligentes. Un agente que sólo puede consultar documentos puede recuperar información. Un agente conectado con el contexto operativo de la organización puede interpretar una situación y trabajar sobre ella. Puede identificar qué está ocurriendo, qué elementos están involucrados, qué precedentes existen, qué reglas son aplicables y qué acciones están autorizadas. La diferencia no está únicamente en la capacidad del modelo de inteligencia artificial, sino en el mundo organizacional al que tiene acceso.
De registros aislados a relaciones
Por eso, el verdadero desafío no consiste en introducir un agente en cada área de la empresa. Consiste en permitir que esos agentes comprendan el entorno en el que deben operar. Un agente de compras necesita conocer proveedores, contratos, órdenes, inventarios y políticas. Un agente financiero necesita comprender clientes, obligaciones, transacciones y reglas de riesgo. Un agente comercial necesita interpretar relaciones entre clientes, productos, oportunidades, historial y compromisos. La inteligencia surge cuando el sistema puede conectar esos elementos con el objetivo que tiene delante.
Esta transformación también cambia el papel de los datos. En muchos proyectos tecnológicos, el objetivo ha sido reunir la mayor cantidad posible de información. Pero una organización no se vuelve más inteligente simplemente por acumular datos. La cuestión decisiva es si puede transformar esos datos en señales útiles para la operación. Un millón de registros que nadie puede relacionar oportunamente puede ser menos valioso que un conjunto mucho menor de información contextualizada y disponible en el momento adecuado.
Más datos no significan más inteligencia
La diferencia puede observarse en algo tan sencillo como una alerta. Una alerta tradicional podría decir que las ventas de un cliente disminuyeron 18 por ciento. Una alerta contextualizada podría identificar que la disminución coincide con una incidencia sin resolver, que el cliente tiene una renovación contractual próxima y que otros clientes con características similares presentaron comportamientos parecidos antes de abandonar el servicio. La segunda no sólo informa. Ayuda a interpretar. Éste es uno de los cambios más relevantes que traerán las organizaciones inteligentes: pasar de sistemas que describen el presente a sistemas capaces de construir una interpretación accionable del presente.
Naturalmente, esto no significa que todas las decisiones deban automatizarse. En muchos casos, el resultado más valioso de un sistema inteligente será precisamente hacer visible una situación que requiere juicio humano. Un agente puede identificar una anomalía, reunir los antecedentes relevantes y presentar distintas alternativas, mientras una persona determina qué hacer. En otros casos, cuando las reglas sean claras y los riesgos estén controlados, el agente podrá ejecutar directamente una acción.
Información y acción
La frontera entre información y acción comenzará así a hacerse más pequeña. Pero para que esto sea posible existe una condición fundamental: el conocimiento debe estar conectado con los procesos. No basta con saber que una política existe; el sistema necesita reconocer cuándo esa política es relevante. No basta con almacenar una decisión anterior; debe poder identificar situaciones comparables. No basta con registrar que un cliente presentó una queja; es necesario relacionar esa queja con el producto, el responsable, el contrato y las consecuencias que pueda producir.
En otras palabras, el conocimiento se vuelve operativo cuando puede intervenir en el flujo de trabajo. Esto tiene una consecuencia estratégica. La gestión del conocimiento deja de ser una actividad secundaria asociada con documentación, capacitación o archivo. Empieza a formar parte de la infraestructura mediante la cual una empresa funciona. Si el conocimiento puede utilizarse directamente para orientar decisiones y acciones, entonces su calidad, actualización y estructura adquieren una importancia semejante a la de cualquier otro componente crítico de la operación. También cambia la manera de pensar la automatización. Automatizar una tarea aislada puede ahorrar tiempo.
De automatizar tareas a transformar procesos
Conectar conocimiento y operación puede cambiar la naturaleza de un proceso completo. Un agente que no sólo genera un reporte, sino que interpreta la situación, identifica las excepciones, consulta antecedentes y prepara la siguiente acción está realizando algo cualitativamente diferente. No se limita a acelerar el trabajo existente: empieza a modificar la forma en que el trabajo se organiza. Éste puede ser uno de los grandes saltos de la nueva arquitectura empresarial. La primera etapa de la digitalización consistió en registrar mejor lo que sucedía. La siguiente consistió en conectar sistemas y personas. Ahora comienza una etapa en la que el conocimiento puede convertirse en una capa activa de la operación.
Una organización verdaderamente inteligente no será aquella que simplemente posea más información ni aquella que tenga más modelos de inteligencia artificial. Será aquella capaz de transformar lo que sabe en capacidad para actuar. Cuando una empresa consigue conectar contexto, conocimiento, decisiones y acciones, deja de tratar el conocimiento como algo que se consulta y comienza a utilizarlo como parte de su funcionamiento cotidiano. El objetivo final no es que la organización tenga una memoria perfecta. Es que pueda pensar y actuar utilizando todo aquello que ha aprendido.
Para saber más...
- Peihan Wen, Yiming Zhao y Jin Liu
A systematic knowledge graph-based smart management method for operations: A case study of standardized management
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10539963/ - Andrei Chis, Ana-Maria Ghiran y Steven Alter
Informing Enterprise Knowledge Graphs with a Work System Perspective
https://emisa-journal.org/emisa/article/view/311 - Eric Rietzke, Carsten Maletzki, Ralph Bergmann et al.
Execution of Knowledge-Intensive Processes by Utilizing Ontology-Based Reasoning
https://link.springer.com/article/10.1007/s13740-021-00127-w

